“Esto que llamamos Aprendizaje Transformacional, ocurre cuando nos ponemos a nosotros mismos como sujetos activos del aprendizaje y lo hacemos desde varias dimensiones que nos constituyen: nuestra biología, corporalidad y movimiento; nuestra capacidad de articular experiencias usando el lenguaje, nuestras emociones y estados de ánimo que nos predisponen de diferentes maneras de acción” (Julio Olalla).

El Aprendizaje Transformacional es un aprendizaje que va más allá de las formas. No es un aprendizaje basado en prácticas cognitivas, sino que es un aprendizaje experiencial que desafía nuestros antiguos modelos del cómo aprender, invitando a repensar nuestras prácticas interpretativas, como de igual forma, nuestros actuales  sistemas de creencias y estilos del cómo habitar el mundo.

Cada cierto tiempo nos damos cuenta que lo que sabemos hoy no nos sirve para las nuevas realidades, para las actuales problemáticas. Esta necesidad por alcanzar una nueva mirada no sólo aspira a un proceso de cambio personal mayor, sino que también lo que se persigue es reflexionar sobre la condición humana y sus nuevos desafíos.

Gran parte de los problemas de efectividad y sufrimiento que enfrentamos en el mundo actual –individual y organizacional- están relacionados con incompetencias que presentamos en nuestros estilos del cómo conversar y relacionarnos con los otros. Por ejemplo, es posible encontrar equipos de trabajo altamente competentes en lo técnico, pero que sin embargo presentan problemas de confianza que hacen difícil la coordinación de acciones. Inconsistencias que muchas veces permean nuestras prácticas diarias con resentimientos, contextos que a mediano plazo generan culturas basadas en los rumores, la desconfianza y la resignación.

En el plano personal muchas personas sufren por no ser escuchados, por su impotencia a no poder reclamar, por la carencia de reconocimiento frente al trabajo realizado.

Un proceso transformacional busca la innovación y la adaptación en la persona(s), asumiendo que será esta flexibilidad la que integre nuevas creencias y prácticas en nuestro hacer diario, un hacer dinámico y dialéctico que requiere permanentemente de una actitud adaptativa frente a los permanentes procesos de cambio.

Hoy sabemos que no es suficiente la mera declaración (como persona  y organización) de que queremos cambiar para que entremos en acción, es más, nuestras grandes incompetencias para generar estos cambios están en el plano emocional y corporal. De esta forma, para generar compromisos; entusiasmo por el futuro; capacidad de reacción frente a la adversidad; una nueva actitud sobre el cómo entender el aprendizaje… para sostener estos procesos diarios se requiere de un cambio transformacional basado en habilidades emocionales y corporales de mayor profundidad en el ser que nos conforma.