Coaching Ontológico en estos tiempos críticos
Julio Olalla
 El Coaching nace para hacerse cargo de un quiebre ontológico y epistemológico de la Modernidad: por siglos dejamos el alma afuera de la esfera del aprendizaje. Hicimos una separación radical entre el objeto y el sujeto, creando una profunda división entre el ser humano y el mundo. Afirmamos que la única fuente de significado en el universo era la conciencia humana y que el principal propósito del conocimiento era desarrollar la habilidad de predecir y controlar el mundo natural. Por otro lado, hemos visto al mundo natural como algo impersonal, mecánico e indiferente a las preocupaciones humanas, nada más que un recursos a ser usado en nuestro beneficio. 

Nuestras emociones fueron entendidas como aquello que se interponía a la razón, de la misma manera que las pasiones lo hicieron con la vida virtuosa, nuestros anhelos espirituales fueron considerados supersticiones, y nuestro encuentro con el alma de la naturaleza fue considerado una simple proyección de nosotros mismos. Negamos el anima mundi y al hacer eso, desencantamos el mundo. Fuimos  abandonados en la inmensidad del cosmos. Dejamos de vernos como parte de un todo y como parte del mundo. La tarea era conocer el mundo exterior a través del dominio de lo racional. El mundo interior fue fundamentalmente abandonado y perdimos la confianza en el: fue visto como el “ámbito de lo subjetivo y lo poco confiable”.

Muchas separaciones resultaron de esta manera de ver el mundo: espíritu y materia, el ser y el mundo, mente y cuerpo, conciencia e inconsciencia. Hoy cuando enfrentamos la inmensidad de nuestra crisis (ecológica, energética, financiera, de salud, política, etc.) nos comenzamos a dar cuenta que es momento de reunir aquello que alguna vez dividimos, de manera de traer de vuelta el alma al centro de nuestro aprendizaje. Una nueva epistemología es necesaria y el coaching es la práctica que hemos desarrollado para explorar esta unión entre lo interno y lo externo, para traer de vuelta la unidad y la completitud al aprendizaje.


Cientos de años creyendo que acumular información y aprender eran casi las mismas cosas, separando lo material de lo espiritual, excluyendo el poder de las experiencias reveladoras, ignorando el rol cognitivo de las emociones, del cuerpo y de la sensualidad,  han provocado esta profunda sensación de soledad y desconexión que está comenzando a filtrarse dentro de nuestros huesos. No es de extrañar la epidemia de depresión que estamos teniendo en Estados Unidos y en gran parte del mundo occidental. La depresión se ha vuelto un problema de salud de enorme dimensión. La Organizacional Mundial de la Salud predice que en el año 2010 la depresión será la segunda enfermedad en la lista de los costos de salud. La venta de antidepresivos en el año 2004 alcanzaron los $14 billones de dólares en el mundo de los cuales $9,9 fueron vendidos en los Estados Unidos. Y el consumo de los mismos continua creciendo.


“En consecuencia la desatención que hemos dado los occidentales a la experiencia subjetiva – escribe Willis Harman – ha tenido serias consecuencias en términos de una confusión valórica. Al final, es en el aspecto subjetivo, trascendente y espiritual donde todas las sociedades han encontrado las bases del sentido y de sus más profundos valores”. El ser humano moderno ha sido dejado sin tierra firme donde construir y sostener sus valores. Es en ese vacío que los seudo valores del mercado, de los medios y de la industria de la entretención se han vuelto dominantes, empobreciendo nuestras vidas y privándonos de tener sueños poderosos.

 
El coaching trae a nuestros procesos de aprendizaje la completitud de la experiencia humana a través de reunir los aspectos interiores con los exteriores de nuestra realidad. Nos provee de acceso a una racionalidad que no niega el poder cognitivo de las emociones mientras nos permite jugar con una pluralidad de perspectivas para aproximarnos a la complejidad infinita de la realidad. Eso requiere en el lado del coach un profundo cuidado, una escucha cariñosa, y un deseo auténtico de servir.

Coaching no es facilitar el crecimiento por el sólo hecho de crecer, no es estar al servicio de lograr “más” de lo que nos ha mantenido atrapados por siglos. El Coaching nos enseña a reconocer nuevamente lo sagrado de la naturaleza, y a llenarnos de gratitud por el infinito misterio y belleza que nos rodea.
 
                  
 Boulder, September 28, 2010
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