Desafíos Organizacionales
Un Nuevo Liderazgo para un Mundo Global

Ignacio Martin Maruri, Profesor de la UAI, Consultor de CLA, artículo publicado en City

El presente artículo trata de explorar la relación entre un liderazgo promotor de la corresponsabilidad ciudadana cuando esta tiene que afrontar realidades nuevas e inciertas y los retos que enfrenta actualmente la humanidad en un mundo globalizado, donde las influencias continuas, tanto reales como virtuales, desestabilizan algunas bases culturales sobre las que se ha basado el desarrollo humano durante miles de años. De esta manera el artículo plantea primeramente algunas de las características fundamentales de la cultura, así como las influencias que la globalización tiene actualmente sobre las culturas de los pueblos, para posteriormente establecer una relación entre el liderazgo y la adaptación cultural. Finalmente el artículo propone el desarrollo de un liderazgo nuevo, corresponsable y transformador, para enfrentar los retos de un mundo globalizado y asegurar así el progreso sostenible y harmónico de la humanidad.
         
Cultura e Incertidumbre

     Como plantea Ed Schein profesor del MIT, la cultura es el repositorio del conocimiento de una comunidad  que le permite afrontar la incertidumbre con mayores posibilidades de éxito. Cuando un individuo o un grupo se enfrentan a una decisión, es decir a una elección entre dos opciones inciertas, necesita tener criterios para elegir. De otra manera sería necesario reanalizar todas las posibilidades desde cero cada vez que enfrentamos alguna situación nueva. La ansiedad a la que nos veríamos sometidos sería terrible y la calidad de nuestras decisiones muy baja. Nuestras posibilidades de tener éxito e incluso de sobrevivir serían por tanto muy reducidas. De esta manera los grupos transmiten a sus nuevos miembros aquellos valores o criterios que en el pasado han resultado exitosos para la toma de decisiones y por tanto para el progreso del grupo. El grupo comparte por medio de narrativas públicas, aquellos valores generalmente aceptados por sus miembros y que nos permitirán valorar las distintas opciones a las que nos enfrentamos de una manera eficaz. De esta forma cuando un individuo enfrenta un reto tendrá todo el conocimiento de generaciones anteriores sobre cómo decidir la mejor opción, lo cual resulta extremadamente eficiente. Es así como todos los grupos invierten mucho tiempo en contarse historias, porque es a través de los cuentos como hacemos participe al otro de los valores culturales esenciales. Nuestro anhelo de poder enfrentar la incertidumbre con posibilidades de supervivencia nos lleva a que, de forma casi instintiva, desde muy niños desarrollemos un gran interés por estas historias. 

     Cada vez que le cuento a mi hijo un cuento, él pasa a tener un grado de atención muy alto, que normalmente no posee cuando por ejemplo hacemos las tareas de matemáticas. Es como si instintivamente supiese que esos cuentos son muy importantes para su desarrollo; que en ellos hay información muy valiosa para enfrentar y disfrutar la vida. Y es así, porque cuando somos niños el mundo es absolutamente incierto y necesitamos que nuestros mayores nos den guías efectivas para enfrentarlo con éxito y esas guías se transmiten con cuentos e historias. De ahí la curiosidad e interés de los niños por los cuentos que les contamos antes de dormirse. Pero no sólo los niños muestran interés, también los adultos seguimos teniendo curiosidad por las historias. En la maquina del café de cualquier empresa la gente esencialmente aprovecha el tiempo para contarse historias, anécdotas y rumores. Todo ello contribuye a que los  miembros de la organización conozcan la cultura del grupo al que pertenecen y por tanto cómo ser aceptados y tener éxito. La cultura de una empresa se transmite en gran medida en esas conversaciones informales en la maquina del café. Las historias y con ellas la cultura que se transmite en un grupo, es por tanto, un mecanismo esencial para asegurar el progreso y en ocasiones la supervivencia del grupo y de los individuos que lo conforman.


     La cultura nos permite además desarrollar nuestra identidad colectiva e individual. Los valores y costumbres que nos transmiten los demás miembros del grupo, pasan a conformar parte de nuestra identidad individual y grupal. Nos facilita el entender cómo somos, qué es lo que aceptamos, qué es lo que valoramos, cómo es el mundo, qué esperar de la naturaleza humana, cómo entender el espacio y el tiempo, lo bueno y lo malo, lo aceptable y lo que no lo es, entre otros. Nos permite saber cómo somos y cómo son los demás.

     Porque en ese proceso de encontrar nuestra identidad se produce un efecto secundario de gran importancia. Al identificarnos como miembros de un grupo determinado, es decir, al encontrar una identidad propia pasamos necesariamente a diferenciarnos de otros que no tienen esa misma identidad. Es como cuando los bebes se dan cuenta que no son una unidad con su madre, sino que tienen un cuerpo independiente del de ella que pueden andar y alejarse de su madre. En ese momento de afianzamiento del uno, del individuo como ser independiente,  surge necesariamente la identificación del otro, en este caso la madre. Esta es una de las paradojas que plantean Smith y Berg en su libro, “Paradojas de la vida en grupo”. Los grupos que por un lado se establecen con el fin de agrupar a varios individuos alrededor de una tarea, es decir que tienen una vocación abierta para poder incluir a distintos y diversos miembros, al mismo tiempo necesitan establecer unos criterios que les permitan diferenciarse de los demás y tener una identidad propia, ya que en caso de no hacerlo no llegarían nunca a ser un grupo. Así que un grupo tiene que ser abierto por un lado y al mismo tiempo cerrado si quiere ser realmente un grupo. Esa cuestión paradójica es similar a la que tenemos todos los individuos: por un lado la necesidad de afirmar nuestra individualidad y desarrollarnos plenamente como seres diferentes de los demás, al mismo tiempo, la necesidad de socializar para lo cual tenemos que aceptar las normas del grupo y por tanto limitarnos. Estas dos fuerzas complementarias y al mismo tiempo contrarias, son parte esencial de la identidad de un grupo y por tanto de su cultura.

     Con todo ello podemos decir que la cultura de un grupo da respuesta a las preguntas relativas a la identidad del colectivo y de los individuos que lo conforman, al mismo tiempo ofrecen mecanismos claros para afrontar la incertidumbre y con ello el progreso y la supervivencia colectiva  e individual. La cultura es por tanto parte esencial del SER y HACER de un grupo, parte esencial de su identidad y su desarrollo. Difícilmente podremos encontrar muchas  cosas que le sean tan valiosas, preciadas y casi idolatradas por un grupo como lo es su cultura. Y consecuentemente pocas cosas hay que desestabilicen tanto a un grupo como las influencias, presiones o condicionantes que afecten su cultura, como por ejemplo las que se producen en un mundo globalizado.


Globalización y Cultura

     No cabe duda que de una de las tendencias más claras e imparables de nuestra época actual es la globalización: de mercados, de productos, de capitales pero sobre todo de información y de movilidad de personas.  Las barreras geográficas que durante muchos siglos han mantenido a las comunidades esencialmente separadas unas de otras, hoy en día son superadas cuantitativa y cualitativamente por los millones de personas que se relacionan y se comunican en tiempo real en mundos físicos  y virtuales. Nunca antes en la historia personas con culturas tan distintas han podido mezclarse, interrelacionarse, trabajar, disfrutar  e intercambiar perspectivas del mundo, tan frecuentemente y tan rápidamente, como sucede hoy en el mundo real y por supuesto en el virtual.

     Una vez un amigo me habló de un pueblo de Vietnam de la zona de Sapa, que era tan recóndito, que cuando él llegó y le ofreció una Coca-Cola al patriarca de la familia, este llamó al niño más pequeño de la familia y le dio a probar aquella bebida antes de beber él. Nunca antes había visto una Coca Cola y lógicamente no era cuestión de confiar para un tema tan delicado en un europeo tan distinto a él. Estoy hablando del año 1993. Cuando yo fui a Vietnam en 1999 ya había muchos tours organizados para turistas que visitaban esa zona. Estoy seguro que hoy en día se puede encontrar Coca Cola sin problemas en todos los pueblos de esa zona fronteriza con Laos. En el mundo ya no quedan prácticamente zonas remotas. El mundo se ha vuelto más pequeño y más interconectado.


     Antiguamente también se producían intercambios internacionales. Las colonias y los imperios no son inventos de nuestra época, tienen miles de años de existencia. Pero esa internacionalización no era comparable en su magnitud cuantitativa o cualitativa con la globalización actual. Ciertamente algunas personas viajaban, comercializaban, hacían proselitismo religioso o incluso se instalaban en otros países con culturas distintas. Pero antiguamente esa elite de comerciantes, soldados, funcionarios o misioneros trataban mayoritariamente con algunas pequeñas elites locales. La mayoría de la población prácticamente nunca entraba en contacto con estos visitantes, aunque si se viesen influidos por las leyes o ideas que estas personas imponían desde sus posiciones de poder y privilegio. Hoy siguen siendo sobre todo los ricos y las personas con mayor formación los que con mayor preponderancia participan del mundo globalizado; pero a diferencia de otras épocas también los más pobres se ven influenciados directamente por la globalización. Basta con ir por África y darse cuenta de la cantidad de camisetas de equipos de fútbol europeos con las que se visten los hombres. O los mares de antenas parabólicas que cubren los tejados de los barrios pobres de cualquier ciudad del mundo. O los Cibercafés que uno se encuentra en los lugares más recónditos del planeta. Ya no es una elite extranjera la que impone criterios o valores, son todos los individuos los que buscan mecanismos de comunicación y acaban asumiendo valores y posturas de otras culturas. Todo el mundo se ve expuesto al intercambio continuo, tanto presencialmente como virtualmente. Porque a diferencia de épocas anteriores la globalización se produce, aún con diferencias marcadas entre unos y otros, en todos los niveles sociales. La globalización afecta a todos los estratos sociales, no sólo a las elites.

     Por un lado la movilidad ha aumentado sustancialmente y los encuentros ahora son más frecuentes y en muchas ocasiones más cortos. Yo por ejemplo trabajo entre Europa y América Latina, y paso medio mes en cada lado del Atlántico.  Para mi volar en avión es casi como coger el autobús. Es algo habitual y casi rutinario. No digo que sea así para todo el mundo, pero sí que es una tendencia cada vez más clara e imparable, como veíamos en películas como “Up in the air”, donde Jorge Clooney hacía el papel de un ejecutivo que pasaba 300 días al año subido a un avión. En cualquier caso, ya no hacen falta 3 meses en barco para ir y volver de Europa a América. Las distancias y el tiempo se acortan en el mundo real, con ello crece exponencialmente la cantidad de contactos que se producen entre personas de ámbitos culturales distintos.

     Y por otro lado, en el mundo virtual esta tendencia es incluso muchísimo más evidente y extrema: redes sociales globales que reúnen a millones de individuos, los intercambios de billones de mails diarios, así como comunicaciones telefónicas desde todos los rincones del globo, etc. Todo ello en tiempo real y con independencia de tú localización. Esta tendencia ha acabado o al menos ha condicionado muchas de las fronteras que daban estabilidad a nuestra vida. Fronteras geográficas, pero también sociales, idiomáticas, económicas, profesionales, en pocas palabras barreras culturales que como veíamos nos servían para identificarnos y diferenciarnos de los otros. 

     Antiguamente las personas tenían referencias culturales relativamente claras y perdurables, y por tanto, una estabilidad cultural individual y colectiva asegurada durante prácticamente durante toda su vida. Los círculos culturales de los que participaba: vecinos, iglesia, colegio, eran relativamente estables y homogéneos. Pasar de uno a otro no suponía un gran cambio de planteamientos esenciales. Hoy en día eso se acabó. Uno no sólo participa de infinidad de círculos que le son cercanos, si no de otros remotos y radicalmente distintos a los que uno está acostumbrado. Las influencias son múltiples y muy heterogéneas. Los criterios culturales que nos permitían manejarnos en nuestros grupos próximos, han dejado de ser útiles cuando nos encontramos cada vez más frecuentemente con diversidad de grupos heterogéneos. El mundo globalizado crea en muchas ocasiones una desestabilización cultural y con ello emocional que promueve fanatismo y esencialismo, una mayor diversidad, heterogeneidad y dinamismo cultural que puede ser la fuente de un mejor desarrollo.


Liderazgo y Cultura

     Dice el profesor Heifetz de la Harvard Kennedy School que liderazgo es el ejercicio de retar a un grupo para que adapte sus valores, creencias, prácticas y costumbres y pueda así enfrentar una realidad incierta, desarrollando capacidades que le permitan seguir progresando. Este planteamiento del liderazgo parte por tanto de la premisa de que ciertos valores, modelos mentales, costumbres o hábitos que el grupo ha promovido tradicionalmente pueden ser contraproducentes a la hora de enfrentar un reto de naturaleza nueva. Por tanto el liderazgo pasa a ser un ejercicio de revisión y adaptación de los fundamentos culturales de un grupo ante lo incierto. Esta aproximación al liderazgo está perfectamente alineada con la definición que del liderazgo hace el profesor Schein, cuando plantea que liderazgo es crear o transformar una cultura mientras que gestionar es trabajar dentro de una cultura dada.

     Esta concepción del liderazgo está totalmente alejada de la concepción tradicional del líder como el individuo que por sus conocimientos o experiencia tiene la respuesta a los retos del grupo y que por medio de su carisma o capacidad de persuasión, es capaz de movilizar a un grupo para que le sigan en la aplicación de su receta. La propuesta del liderazgo como el proceso de adaptación de una cultura, no puede ser realizada por un individuo, ya que sólo el grupo es generador de la cultura propia cuando la asume y la hace propia.  Un individuo puede y debe promover un proceso que permita que el grupo realice una revisión de su cultura y una adaptación de la misma a las nuevas realidades, pero no puede imponer una visión concreta y particular. De hecho aquellos líderes tradicionales que ofrecen soluciones  a problemas nuevos, lo suelen hacer fundamentalmente desde modelos mentales tradicionales, con lo que son realmente -como planteaba Schein-, más gestores que líderes. Suelen ser personas más interesadas en mantener el status quo cultural del grupo que en promover su revisión y adaptación a las nuevas circunstancias. Porque defender el status quo cultural es más sencillo, ya que como hemos visto, el grupo da un gran valor a la cultura que tradicionalmente le ha servido de sustento identitario y no suele ser proclive a su revisión y crítica. Es más fácil mantener posiciones de poder y autoridad personal desde la defensa de la cultura generalmente aceptada, que no desde un discurso que plantee la necesidad de una revisión de los valores fundamentales. De hecho esta última propuesta suele ser muy peligrosa para los que la promueven. Veamos sino los ejemplos de reconocidos líderes mundiales tales como Martin L. King, Ghandi o Jesucristo, que al poner en duda algunas de las premisas culturales de los grupos a los que pertenecían, acabaron siendo asesinados por estos mismos grupos.





Liderazgo y Globalización

     Por todo lo expuesto anteriormente creo que es sencillo entender la relación directa que hay entre el liderazgo y la globalización. El mundo globalizado está imponiendo una serie de grandes presiones a las culturas tradicionales. Por un lado porque el mundo requiere de nuevas maneras de actuar y comportarse debido a la movilidad de productos, personas, servicios, capitales e información, por otro lado porque las culturas se ven influidas por las prácticas y valores de una gran cantidad de otras culturas de diversa naturaleza. La presión sobre las distintas culturas es muy alta y la reacción más sencilla e inmediata es promover posturas esencialistas e integristas que traten de fomentar la defensa a ultranza de lo propio sobre lo distinto. Esa respuesta se ve respaldada por el modelo tradicional de liderazgo en el que un individuo pretende tener respuesta al grupo desde la asunción de los valores tradicionales propios como verdaderos e intocables. En un mundo globalizado esta concepción del liderazgo no puede llevar sino al conflicto entre culturales, o como diría Huntington, al “Choque de Civilizaciones”.

     Sin embargo un compromiso con el liderazgo entendido como el ejercicio de promover la reflexión y la adaptación de los valores culturales propios frente a un mundo cada vez más dinámico e interconectado, debería necesariamente promover la auto reflexión, el interés por el conocimiento continuo y la adopción de prácticas más eficientes independientemente de su procedencia. Todo ello no supone una deserción de los valores fundamentales que aseguran la  identidad del grupo, ya que de otra manera dejarían de existir las culturas de muchas comunidades y con ello los mismos grupos, sino la revisión de aquellos planteamientos que han dejado de ser útiles para el progreso del grupo y que se han vuelto una traba para su desarrollo y felicidad.

     De esta manera si aceptamos que le mundo es y seguirá siendo cada vez más global, entonces se hace necesario la promoción de un liderazgo nuevo, que promueva la colaboración y el aprendizaje continuo, y no un liderazgo tradicional fundamentado en la defensa de lo conocido. Optar por un modelo de liderazgo u otro puede suponer desarrollar un mundo globalizado que colabora y se enriquece mutuamente o un mundo en el que las relaciones se basan en la competencia entre los pueblos y el radicalismo esencialista. La decisión es nuestra y seremos todos nosotros, porque en un mundo globalizado nadie puede quedar al margen, los que suframos la bondad o la maldad de la decisión que tomemos sobre el modelo de liderazgo que queremos promover en un mundo globalizado.


Referencias:
    •    Edgar Schein: "Organizational Culture and Leadership" Jossey-Bass; 3 edition (June 30, 1985)
    •    Ronald Heifetz: "Leadership without easy answers" Harvard University Press; 1 edition (November 30, 1994)
    •    K. Smith and D. Berg "Paradoxes of group life" Jossey-Bass; 1 edition (March 31, 1987)
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