En qué están nuestros ex-alumnos
┬íTengo a Julio Olalla varias veces al día sobre el escenario!
Patricio Reyes


Soy Pato Reyes, ex alumno de la Escuela de Newfield, graduado el 2009. Llegué a Newfield luego de indagar en temas de Liderazgo en una universidad en Santiago. Andaba buscando un programa que me entregara herramientas para los talleres que desarrollo en mi empresa de capacitación OTEC Gestión Solidaria. Esta última la creo a partir de varias experiencias traumáticas vividas con trabajadores accidentados del rubro construcción.

En 1996 me hago cargo de los recursos humanos de una empresa constructora por un accidente fatal. Mi primer día de trabajo fue elegir la tumba, acompañar a la familia, conseguir al sacerdote y enterrar al trabajador. Dos años más tarde estaba a cargo de la Responsabilidad Social Empresarial de la empresa constructora más grande de Chile.

Los siguientes 8 años se entrelazan en generar un acompañamiento a los 17.000 trabajadores que tenía la empresa.

Creé un concepto de bienestar en terreno que permitía escuchar las inquietudes y dolores de los trabajadores.

Con los años fui creciendo profesionalmente y me especialicé en la Universidad Católica de Chile en el MBA, en los diplomados de Recursos Humanos, Marketing y Responsabilidad Social. El tiempo no pasó en vano y otros 8 nuevos eventos de accidentes fatales en faenas marcan mi alma, dejando una huella indeleble en lo que sería mi mirada del Autocuidado creando Gestión Solidaria el 2006. Empresa especializada promover y apoyar en Cambio Conductual en las organizaciones, a través de una metodología innovadora de capacitación con teatro.

Desde el inicio de mi trabajo ocupé mi experiencia vivida con un sacerdote irlandés, con el cual recorrí los colegios de la VI Región en búsqueda de vocaciones sacerdotales. Con él aprendí a cautivar y sorprender con historias profundas, emotivas y entretenidas. Sin saberlo, éstos serían mis primeros pasos en esta gran aventura hacia el Cambio Conductual en las organizaciones.

En 1996 tengo mi primera experiencia con teatro laboral gracias a la Municipalidad de Las Condes, que buscaba promover la prevención del alcohol y drogas en las constructoras de la comuna. Fue al término de una de éstas, cuando se me acerca un trabajador sencillo, y con mucha humildad. Me dice mirándome a los ojos: “lo felicito jefe” y me repite “lo felicito jefe”, deja un silencio y exclama “¿y ahora qué?”. Ahí surge su relato de rehabilitación en su comunidad evangélica, y como a partir del cariño, de la comunidad y de la escucha, él logra salir del “vicio”.

A ese maestro no lo he vuelto a ver más, pero si está el recuerdo de él a diario en mi ADN. Esa tarde, a los pies de ese edificio en construcción, tomo la firme decisión de acompañar siempre el trabajo del teatro, en todas sus temáticas, con una profesional del área social. Fue fácil convencerme que el teatro no produce el cambio conductual, sino las conversaciones posteriores que se desarrollan luego de la puesta en escena.

Para generar en los trabajadores “la necesidad de pedir ayuda” utilicé el marketing aprendido en la universidad y así sostuve el trabajo de las 30 asistentes sociales que atendían los proyectos de la empresa en todo el país.


En paralelo, una enfermedad muscular me acompaña y me obliga a buscar nuevas metodologías de autoyuda que me permitan minorizar los constantes dolores. Así comienzo a gozar de la santa misa, del reiki y de la meditación profunda enfocada en el pensamiento positivo.

De mis estudios de filosofía, rescato el entender que gran parte del conocimiento entra por los sentidos y especialmente por la vista y el oído. Con imágenes potentes puedo dejar en cada persona un concepto que lo acompañe por muchos años.

Si a mí no me gusta que me reten en misa por los que no vinieron a ella, menos quiero dar una “prédica” en mi mensaje. Lo que deseo lograr es que nadie se sienta vulnerado en su privacidad por la temática tocada, sino que la reciba con los brazos abiertos y sin prejuicios. Les puedo decir de todo, pero de una forma distinta. ¡Esa es la magia de nuestro teatro!

Desde el pensamiento positivo de la autoayuda derivo a la psicología positiva de Martin Seligman, y busco un segundo pilar de nuestra metodología: el autoconocimiento como una poderosa herramienta personal.

Heredo de mi estudio de los clásicos griegos una chispa en mi alma por dejar una “herencia” en la sociedad.  De allí mi urgencia por llevar un mensaje esperanzador, constructivo y con valores que humanicen la globalización.




Cada jornada y varias veces al día, las dos compañías de teatro recorren las organizaciones. A estas últimas les pedimos disponer de 1 hora para presentar la obra de teatro con un público no superior a las 250 personas. Para introducirnos en la cultura de cada grupo humano adaptamos la obra a su realidad con actores profesionales. Así las situaciones que ocurren, el lenguaje y los personajes son de ellos mismos. Esto permite dejar imágenes con mayor facilidad de retención y de alto impacto por el cambio de rutina diaria.

Mi navegar por la ontología del lenguaje me hace caminar por la emociones como una predisposición a la acción y un “gatillador” de las conversaciones que se iniciarán en grupos pequeños luego de terminada la función.

En un día escuchamos a unas 70 personas y éstas nos entregan un diagnóstico FODA que entregamos luego a los directivos de la organización. ¡Aquí parte todo! Una nueva “coherencia organizacional” comienza a surgir, en donde las personas ven que “suceden cosas” que los interpretan.  Los jefes van a talleres de liderazgo, la fiesta de navidad tiene otro sentido, se mejora la alimentación en los casinos, etc. y por último se retorna con una nueva temática de teatro y capacitación, con un tema de interés de ellos. La clave está en el escuchar.  Los resultados no tardan en llegar; baja la tasa de accidentabilidad, mejora de clima laboral y surge una nueva forma de comunicación dentro de la organización.

Una vez que la organización adquiere un sentido nuevo de escucha y reflora esta “nueva coherencia”, les transferimos una gigantografía de 2x2 mts.  que versa: Para Ingresar a esta Planta o Campo o Packing o Bodega se Requiere la Alegría, que nace de la escucha; la Actitud positiva y preventiva; las Iniciativas y las ideas, propias de las normas de calidad; el Talento manifestado en la certificación de competencias y por último el Trabajo en Equipo tan necesario para alcanzar las metas y objetivos.

Este cartel se transformó, sin quererlo, en un semáforo para los jefes que al llegar ven el icono de la Alegría y se comienzan a cuestionar: ¿he organizado la reunión de coordinación con mis supervisores?, ¿autoricé la compra de camisetas del campeonato de fútbol?, ¿cuándo hay qué hacer la evaluación de desempeño que me pide recursos humanos?, ¿cuándo viene la asistente social?, etc., etc., etc. La alegría la ponen los jefes y en especial el gran jefe.



A partir de la escucha del último año a más de 110.000 trabajadores, surge una maravillosa iniciativa en la agricultura. Cambiar la palabra “Temporero” que define al trabajador del campo, por “Especialista Agrícola”. Se crea, como dice Echeverría, una nueva realidad de pertenencia y orgullo por el trabajo realizado.  Seguimos en la misma ruta; la escucha.

Ya son 5 años de vida de Gestión Solidaria y ha sido la Autoestima el corazón de nuestro trabajo. Como huella de nuestras intervenciones, es que al final de cada taller hacemos un ritual en donde cada pareja se coloca una pulsera que indica “Yo me quiero, Yo me cuido” baja el concepto del co-cuidado o mutuo cuidado.  Se comprometen a protegerse y no dejar que al otro le suceda nada mientras trabajen o estén juntos. Sólo se les entrega esta cinta a los que son parte del grupo de reflexión con la psicóloga, lo que ha producido un despertar positivo de los otros miembros de la organización a participar en futuras intervenciones. Lo maravilloso es que estas pulseras han llegado incluso a los hogares, en donde los padres se las han entregado a alguno de sus hijos para que ellos también se cuiden del “carrete, de las drogas, de la alimentación, etc.” 

Así, sólo Dios sabe dónde terminan las iniciativas que uno comienza…




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