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Dos pretendientes: una parábola
(traducción de Jordi Pigem)
Imagina, por un momento, que eres el universo. A efectos de este experimento mental, imaginemos sin embargo que no eres el universo mecánico y desencantado de la cosmología convencional moderna, sino un cosmos lleno de alma, sutilmente misterioso, dotado de gran belleza espiritual e inteligencia creativa. Imagina ahora que llegan a ti dos epistemologías distintas —dos pretendientes, por así decir— que aspiran a conocerte. ¿A cuál de las dos mostrarías tus secretos más profundos? ¿A cuál de los dos enfoques tenderías a revelar tu verdadera naturaleza? ¿Te abrirías más al pretendiente —la epistemología, la forma de conocimiento— que te tratara como si básicamente tú no tuvieras inteligencia o propósito alguno, como si no tuvieras ninguna dimensión interior, ningún valor ni capacidad espiritual? Un pretendiente, por tanto, que te vería como fundamentalmente inferior a él (demos a los dos pretendientes, no sin motivo, el tradicional género masculino); que se relacionaría contigo como si tu existencia fuera sobre todo valiosa en la medida en que él pudiera explotar tus recursos para satisfacer sus diversas necesidades, y cuya motivación para conocerte estaría dirigida, en última instancia, por un afán de incrementar su dominio intelectual, su certeza, su capacidad de predicción y su control sobre ti a fin de aumentar su poder.
¿O acaso tú, el cosmos, te abrirías más a fondo al pretendiente que te considerara como mínimo tan noble e inteligente, de tan gran valía, tan consciente, tan moralmente sensible y tan profundamente espiritual como él? Este pretendiente quiere conocerte no para explotarte mejor sino para unirse contigo y así generar algo nuevo, una síntesis creativa surgida de las profundidades de ambos. Desea liberar lo que había quedado oculto por la separación entre lo conocido y el conocedor. La finalidad última de su conocimiento no es incrementar el dominio, la predicción y el control, sino una participación más plena, receptiva y responsable en el despliegue co-creativo de nuevas realidades. Aspira a una plenitud intelectual íntimamente ligada a la visión imaginativa, a la transformación moral, a la comprensión empática y al deleite estético. Su acto de conocimiento es en el fondo un acto simultáneo de amor y de inteligencia, de maravilla y de discernimiento, una apertura a un proceso de descubrimiento mutuo. ¿A quién tenderías a revelar tus verdades más profundas?
Esto no implica que tú, el universo, no hubieras de revelar nada al primer pretendiente, ante la presión de su enfoque objetivador y desencantador. Este pretendiente sin duda extraería, filtraría y construiría una cierta “realidad” que para él constituiría el conocimiento auténtico del verdadero universo: conocimiento objetivo, “hechos” y no las ilusiones subjetivas de los demás enfoques. Pero podemos permitirnos poner en duda hasta qué punto este enfoque sería capaz de producir una verdad realmente profunda, que refleje genuinamente la realidad más íntima del universo. Tal conocimiento podría resultar profundamente engañoso. Y a si esta visión desencantada se le otorgara el estatus de ser la única visión del cosmos que toda una civilización considera legítima, ¡qué terrible pérdida, qué pobreza, qué deformación trágica, qué desconsuelo tanto para el conocedor como para lo conocido!
Richard Tarnas |