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LA MUJER EN EL COACHING Y EN LA VIDA
Cuando una mujer está "haciendo demasiado", está emitiendo un grito de auxilio. La única forma de pedir ayuda que tiene es dar al otro sin límite la ayuda que ella misma necesita desesperadamente.
John Gray
Una de las grandes heridas que he intuido en el trabajo con mujeres en el coaching y fuera del coaching, es el alejamiento de lo femenino, de la esencia arquetípica de lo femenino, y eso le hace desconectarse de ella misma, no cuidarse y desplazar ese cuidado hacia el otro en busca de lo que ella misma necesita.
Al no tener cercano un modelo propio de éxito al que dirigirse, la mujer se inicia en el aprendizaje de la competición, de la consecución de objetivos, se exige a sí misma la perfección y no se tolera su propia vulnerabilidad. Mide su autoestima y valía en comparación con los patrones masculinos de productividad. De este modo empieza a desacreditar y a rechazar la expresión de sus emociones, a restar valor a su intuición y a su creatividad, a ignorar la sabiduría de su cuerpo, a no dar valor a las relaciones genuinas con otras mujeres, a intentar ajustarse a la imagen cultural de mujer ideal y a rechazar su esencia. Con todo ello pierde confianza en sí misma y… se desempodera.
El universo femenino es una combinación de biología, aprendizaje personal y cultural que nos hace tener diferentes percepciones, ser observadoras distintas de la realidad. En muchas ocasiones el motivo del sufrimiento es la consecuencia de haber seguido un camino que niega esa realidad que somos.
El adecuarnos a un modelo al que no podemos corresponder sin grandes costes, aparecen creencias limitadoras y trampas en nuestro camino, que intentan conseguir de forma equivocada la energía de la que nos hemos desprovisto. Algunos ejemplos que seguro que muchas reconocemos son: el “no sentirse suficiente”, el perfeccionismo, “ser la salvadora de otros”, ser una supermujer que puede con todo ella sola, creer inconscientemente que tiene que haber alguien que vele por nosotras, la obsesiva necesidad de permanecer ocupada y ser productiva, el ocultar nuestra rabia para ser aceptadas, el ignorar la propia necesidad de ser cuidada y querida, etc.
Llega un momento inevitable donde todo esto empieza a no servir, es cuando comenzamos a apreciar una sensación de vacío, de falta de sentido con lo que hemos hecho con nuestra vida. En otras ocasiones está desencadenado por un desafío emocional importante, como la pérdida de un familiar, de una pareja al que se ha ligado la vida y la identidad, una enfermedad grave, un accidente, la pérdida del medio de vida, un cambio geográfico, un desengaño amoroso, etc. Algo que nos hace pararnos y nos obliga a mirar, a tomar conciencia…
El alma está comprimida y guiada por la mente y sólo se despierta cuando hay un golpe. Es entonces cuando notamos que el viejo ser ya no nos sirve.
Aquí comenzamos el descenso hacia el mundo subterráneo, el encuentro con la diosa oscura, un mundo lleno de confusión, de pena, de sensación de abandono, de dolor, desilusión, aislamiento, de rabia… La petición de ayuda y el sentir que es un proceso compartido por muchas mujeres, calma la ansiedad de creer que es un problema personal único y que algo falla en nosotras.
Este descenso tiene que ver con la necesidad de recuperar nuestro ser, aquello que nos es propio, es un viaje sagrado, que invariablemente fortalece a la mujer y le aclara su sentido de sí misma, vuelve a la luz con unas potencialidades desconocidas y aún sin experimentar.
El coaching en estos momentos crea un espacio donde se puede dar la transformación, legitimando el proceso y las emociones que se están viviendo. Invitándonos a que nos paremos… para que nos podemos encontrar.
Nos ayuda a tomar conciencia de lo que guía nuestro comportamiento, de cuáles son nuestros valores, qué nos importa de verdad, qué es lo que sentimos y qué es necesario que se manifieste.
Trabajando la dimensión corporal de nuestra coherencia se permite especialmente la sanación. Las mujeres sabemos con nuestro cuerpo. Volver a escucharlo, honrarlo, es de una gran ayuda para reencontrarse.
Estableciendo límites respecto a una misma y a los demás, admitiendo la propia limitación como algo que nos hace completas. Renunciar a estar rescatando a los demás y reconocer que cada persona tiene su propio camino y su propia forma de aprender.
Este espacio nos permite desarrollar una visión más amplia, más grande que la situación que vivimos para que el miedo no nos paralice…
El coaching puede acompañarnos en el camino de este viaje personal e intransferible hacia el abrazo de nuestra naturaleza femenina
En otro nivel de conciencia quizás sea momento de recuperar diosas y mitos femeninos para que nos guíen en un nuevo mundo, que nos permitan cambiar las estructuras económicas, sociales y políticas ya fracasadas, quizás sea momento de crear nuevas formas de liderazgo basadas en el compañerismo, en lugar de la dominación y en la cooperación en lugar de la competitividad.
Es necesario para la humanidad que los valores femeninos ocupen su verdadero lugar. Cada vez hay más hombres que descubren que esos valores femeninos están también en ellos, que necesariamente forman parte de su equilibrio y de su felicidad.
Demos lugar a la intuición, a ese conocimiento indefinible que “sabe” antes de ver, a la ternura, a la acogida, a la receptividad, a expresar lo que sentimos, al redescubrimiento del lazo vital que nos une a la Tierra y al Cosmos.
Gemma Mellado
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