¿Cómo llegaste a Perú?
Llegué de una forma muy inesperada.
Cuando supe que Newfield estaba preparándose para abrir una oficina en Perú, tuve una conversación informal con Tomás Reyes, Gerente de Newfield Chile y le ofrecí que contará conmigo en ese proyecto.
Al poco tiempo me llamó para que empezáramos a diseñar y a mirar que tan posible podría ser. Después de esa llamada sentí inmediatamente que quería hacerlo y que, esto de ir a inaugurar un espacio en Lima me entusiasmaba como un desafío personal. A mí me encanta lo que hago y esto me sonaba a poner todo lo que yo sé, lo que me gusta y lo que quiero en el Perú.
También surgieron quiebres. Si bien yo trabajo para Newfield, vivo en Concepción. Es allá donde tengo mi mundo, mi familia, mi mundo en el Coaching (tengo una consultora) y también una empresa familiar que dirijo.
En el transcurso de los días y mientras me balanceaba entre quiebres y posibilidades, todo comenzó a hablarme de Perú, abría una revista y ahí aparecía algo de ese país, veía las noticias y salía Perú y así en muchas otras cosas. En realidad comencé a pensar en Perú como una posibilidad concreta y a partir de eso me pregunté ¿Por qué no?, sólo tengo que organizarme muy bien y creérmelo.
Todo se empezó a dar, a fluir, hasta que tomé la decisión de irme a Lima.
Recuerdo que cuando te preparabas para viajar, vino el terremoto cuyo epicentro justamente fue en Concepción ¿Qué pasó ahí con tu decisión?
En ese momento todo cambió y me llené de dudas. El impacto del terremoto fue terrible en todo sentido y lo primero que pensé es que yo debía quedarme para ayudar, para construir nuevamente. Creo que tuve mi propio terremoto personal.
Me tranquilizó darme cuenta que aquí en Concepción también hay coaches, en realidad hay una comunidad que hasta ahora son veinte coaches y que están aportando muchísimo a la comunidad en ese contexto. Esta comunidad se llama Coaches del Sur.
¿Cómo fue tu llegada a Lima?
Llegué plena de energía, con ganas de hacerlo todo de inmediato y me di cuenta que los ritmos allá son distintos, que las personas son más pausadas, más tranquilas.
Ellos son muy acogedores, me encanta su bienvenida. Todo eso me ayudó a tranquilizarme y ver que lo que estoy haciendo no sólo es un trabajo o armar algo sino ver todo el contexto, ver más allá.
Siento que en Perú hay un regalo para mí, un regalo de los peruanos, de su dulzura, de su tranquilidad, de su amabilidad.
Me siento en casa, para mí el sur de Chile también es así. Yo camino por las calles cercanas a donde estoy, observo el paisaje y la gente y pienso “Aquí yo podría vivir eternamente”, todo lo que veo me da tranquilidad. Son muy amables y delicados.
¿Cuáles son tus sueños , personales y laborales, en esas tierras?
(Se ríe con la pregunta)
Primero te voy a hablar de los laborales.
Mi meta es iniciar algo y que para los que vengan después que yo, tenga ya un camino preparado.
Me encontré con la sorpresa de que Newfield es bien conocido, al menos en el medio en que me he desenvuelto y desde ahí la tarea es más fácil. Mi meta tiene que ver con la propia misión de Newfield en el sentido de habitar la tierra de una manera diferente y quisiera llegar desde ahí, de conocer la cultura peruana, su gente, sus organizaciones y cómo pueden habitar el mundo de una mejor forma.
Ahí quiero colocar las primeras piedras y me siento protagonista.
Yo creo que a Perú no lo voy a olvidar jamás porque sé que va a ser muy importante en mi vida.
¿Y en lo personal?
(Se vuelve a reír mientras se queda pensando)
Todo el mundo me dice ¡Paola, vas a conocer un peruano!
Hasta el minuto no sé… pero estoy abierta a las posibilidades.