Bookmark and Share
La "CRISIS" y el APRENDIZAJE TRANSFORMACIONAL
El ejercicio de la Semilla
Desde La Peregrinación, de Paulo Coelho
Arrodíllese en el suelo. Luego siéntese sobre sus talones y se inclina hacia adelante para que su cabeza toca usted rodillas (o se acerque lo más que pueda). Estire sus brazos hacia atrás y tómese de los pies si es posible. Ahora se encuentra en posición fetal.

Relájese, libere todas sus tensiones. Respire tranquila y profundamente. Poco a poco te darás cuenta de que eres una pequeña semilla, acunada en la comodidad de la tierra. Todo lo que te rodea es cálido y delicioso. Usted está en profundo y reparador sueño.

De repente, se mueve un dedo. Ya no quieres ser una semilla, quieres crecer. Lentamente comienzas a mover los brazos, y luego tu cuerpo comenzará a levantarse, enderézate hasta quedar sentado sobre los talones. Ahora comienza a levantar tu cuerpo hacia arriba, lentamente, lentamente, todavía de rodillas en el suelo.

Ha llegado el momento de romper la tierra para salir. Empieza a subir lentamente, colocando un pie en el suelo, luego el otro, lucha contra el desequilibrio para ganar tu propio espacio, hasta que por fin estés de pie. Imagina el área a tu alrededor, el sol, el agua, el viento y los pájaros.

Ahora eres un brote que está empezando a crecer. Lentamente levanta tus brazos hacia el cielo. Luego estírate más y más, más y más, como si quisieras capturar el sol que brilla por encima de ti para atraerlo hacia ti . Tu cuerpo comienza a ser cada vez más rígida, todos los músculos están en tensión, y tú sientes que estás creciendo, creciendo, creciendo, convirtiéndote en un ser enorme. La tensión aumenta más y más hasta que se vuelve doloroso, insoportable. Cuando no pueda ya no aguanto, gritas, y abres los ojos.

Repite este ejercicio durante siete días consecutivos, siempre en el mismo tiempo.
 
El maíz del año
Una historia para cultivar

El maíz del año

 

Un empresario agricultor, sin muchos recursos y pocos estudios, participaba todos los años en la principal feria de agricultura de su ciudad.
Lo más extraordinario es que él siempre ganaba año tras año, el trofeo: Maíz del Año.
Entraba con su maíz en la feria y salía con la banda de ganador recubriendo su pecho.

Su maíz era cada vez mejor.

En una ocasión, un periodista de TV abordó al agricultor después de la tradicional colocación de la banda de campeón. Le preguntó acerca de cómo el acostumbraba a cultivar su extraordinario maíz y cuál era su secreto.
La respuesta dejó sorprendido al entrevistador ya que el agricultor le confesó que compartía buena parte de las mejores semillas de su plantación de maíz con sus vecinos.

- ¿Cómo puede usted compartir sus mejores semillas con sus vecinos, cuando ellos están compitiendo directamente con usted?

El agricultor respondió:

- Es muy simple. Si yo quiero cultivar maíz bueno, tengo que ayudarlos a cultivar el mejor maíz, cediéndoles las mejores semillas.

El agricultor observando la cara de incredulidad y sorpresa del periodista, agregó:

Aquellos que escogen estar en paz, deben hacer que sus vecinos estén en paz.
Aquellos que quieren vivir bien, tienen que ayudar a los otros para que vivan bien.
Aquellos que quieren ser felices, tienen que ayudar a los otros a encontrar la felicidad, pues el bienestar de cada uno está ligado al bienestar de todos.

¿Ahora entiendes que todos somos importantes unos para otros y que para vivir bien, dependemos unos de los otros?
Espero que también consigas ayudar a tus vecinos a cultivar cada vez más las mejores semillas, los mejores maíces y las mejores amistades.

“Para tratar contigo mismo, usa la cabeza”
“Para tratar con los otros, usa el corazón”