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Caroline Ward es coach hace 15 años, y lideró su propia empresa consultora en el área de transformación organizacional. En Australia fue uno de los pioneros en integrar las artes y la espiritualidad al mundo empresarial. Caroline descubrió la espiritualidad como un contexto de vida hace 20 años, y ha trabajado los últimos 17 años con mujeres y espiritualidad, en más de 40 países. Ha publicado artículos y el libro “Las cuatro caras de la mujer” y ahora vive y trabaja en Chile.
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Caroline Ward: Coaching y Espiritualidad
Redefinir nuestro mundo
Cuando empecé a hacer trabajo de consultoría, me hice la promesa de “testear” principios espirituales. Sabía, intuitivamente, que estas “leyes” o principios eran inmutables, y debieran funcionar en todo tipo de contexto -incluso un contexto comercial-. Así, durante los últimos quince años, junto con las personas con las que he trabajado, he experimentado en el mundo de los negocios con estas leyes espirituales, y he llegado a comprender que gobiernan nuestro universo.
La primera ley o principio en mi experiencia es la ley de Dar y Recibir. Existe un sistema que es de justicia perfecta. Cuanto más limpio es lo que entregamos, más poderoso el retorno que recibimos. En nuestro negocio, la generosidad es el valor más importante, y el otro lado de esta moneda, es que estos días, estoy mejorando en mi capacidad de recibir.
La segunda es la ley de la Autenticidad. A medida que he hecho camino en mi desarrollo interno, me he dado cuenta de que disminuye la brecha entre quién soy internamente, y quién soy cuando actúo externamente. Si consideramos que toda la energía creativa es resultado del pensar y el sentir, y todo el pensar y el sentir es un resultado de quién soy, de mi identidad, es lógico que cuanto más auténtica estoy siendo, más integrada estoy -igual adentro y afuera- y esto le brinda poder y foco a mis creaciones.
La tercera es la ley del Momento Correcto. Esta ha sido tal vez una de las leyes más difíciles para mí. Esta ley la desafiamos a través del control, que esta motivado por nuestras inseguridades. He tenido que trabajar muchos temas en torno a la avaricia y el temor para simplemente dejar que ocurran los períodos de gestación naturales de la vida. Una amiga me dijo hace poco, que no importa cuánto empeño le pongamos, cuatro personas no pueden hacer un bebé en cuatro meses y medio!
En 1999 hice un experimento. Hice un compromiso durante un año entero de no utilizar mi capacidad de construir una visión del futuro. En enero de ese año, estuve en India en un retiro, y después de dos días me di cuenta que estaba en paz, y sentía un descanso enorme… fue muy bello. Preguntándome qué estaba ocurriendo, me dí cuenta de que durante ese par de días, no había “habitado” en el futuro ni una
sola vez. No hubo ni siquiera una gran idea, ni un plan o estrategia… y la sensación era extraordinaria. Así que lo interpreté como una señal. Cerré mi foco sobre el futuro durante ese año.
Ese año perdura en mi memoria como el año infernal, pero también el año de la liberación. Al emprender esta misión, me dí cuenta de que mi identidad, mi sensación de éxito, mi auto confianza, estaban todas enfocadas en el talento que tenía de inventar grandes visiones de escala planetaria. Sin entrar en todos los detalles, ese año de vivir en el “presente” me enseñó lecciones valiosísimas. Me dí cuenta de que no son mis ideas, es simplemente que a veces tengo la suerte de ver una ventana que se abre sobre el futuro. Llegué al entendimiento que no tengo que hacer que pase nada, simplemente tengo que sostener esa visión y vivir en el presente, permaneciendo despierta. Debo darme cuenta de qué oportunidades se presentan, conectadas a esa ventana del futuro. Aprendí que estar disponible para hacer mi “trabajo más grande” es mucho más fácil que sentirme impulsada a cambiar el mundo.
Desde que utilizo esta estrategia de permitir, confiando en la vida y en mi saber interno, ha habido mayor abundancia y prosperidad, y mucho más gozo en mi vida. Y todo lo que ocurre es en su Tiempo Correcto. El desapego es clave, y entonces no obstaculizo este camino con lo que mi ego necesita (la mayor parte del tiempo!).
La ley del Amor. Recuerdo que hace unos años estábamos haciendo unos talleres y los participantes estaban identificando cómo manejan el estrés y el cambio. En el grupo, de unas quince personas, había cinco hombres y diez mujeres. Dos de los hombres presentes empezaron a compartir que su estrategia era el amor. Algunas de las mujeres se rieron, burlándose de los hombres. Fue extraordinario presenciarlo. Una vez se calmaron las cosas, les pregunté qué había ocurrido. No sabían a qué me estaba refiriendo. Les conté que casi cada canción, cada poema, cada cuento de nuestro mundo es acerca de la búsqueda eterna del amor, y que ésta es la añoranza más profunda del alma humana, junto con la paz, la verdad y la libertad. A medida que hemos viajado al interior de nuestros intelectos, y nos hemos hecho más inteligentes, nos hemos perdido de confiar en nuestros corazones. Hemos confundido el amor con la lujuria, hemos olvidado cómo amarnos a nosotros mismos, de hecho, por lo general no sentimos que seamos “amables” a menos de que hayamos logrado algo especial. Así que nos esforzamos y empujamos como locos para lograr cosas, en la esperanza de lograr la satisfacción. Pero esta satisfacción es solamente temporal, y seguimos al siguiente logro. Nunca descansando, nunca contentos, nunca amándome por lo que soy, y sólo por lo que puedo hacer o lograr. Si así me trato a mi mismo, y esas son las reglas que me impongo, entonces seguramente determinará el método que utilizo para juzgar y amar a otros.
Si vamos a redefinir cómo hacemos negocios, de verdad creo que debemos encontrar una manera de aprender a amar bien, no solo en relaciones románticas o familiares, sino también con las personas con las que hemos trabajado durante años. Siempre me divierte cuando las personas hablan de los temas de personas como lo “blando” y de lo estratégico y financiero como lo “duro”. Es absolutamente al revés, es el trabajo con las personas lo duro, lo difícil… pero es, sin lugar a dudas, nuestra salvación.
La ley de Poder.
Estamos destinados a ser seres poderosos. Estamos destinados a ser completos. Completos es igual a poderosos. Sin embargo, estamos atrapados en maneras y hábitos de entregar nuestro poder, nuestra energía, a otros, dejando que otros nos la roben, intercambiándola por la promesa de energía futura, prostituyéndola para obtener gratificación rápida.
Comprender la ley de Poder significa comprender que nadie puede empoderarme. Solamente yo me puedo empoderar a mi misma. Puedo aprender de otros, otros pueden guiarme de cuando en cuando, pero si me empoderan, entonces dependo de ellos. Sí pueden proveer contextos en los cuales descubro mi propia potencia, mis dones y mi respeto por mi mismo. Ese es el ideal.
La realidad, sin embargo, es que muy, muy pocas organizaciones están constituidas para permitir que surjan y crezcan personas poderosas. No podemos esperar a que las organizaciones se “iluminen”, debemos cada uno de nosotros desarrollar nuestra conciencia de nuestros temas con el poder. Yo, ¿domino, juego a la víctima, disminuyo a otros para sentirme mejor?
El movimiento está ocurriendo, el terreno está preparado, y realmente depende de cada uno de nosotros el plantar las semillas… Cuando nosotros cambiamos, el mundo cambia.
No importa lo ocupados que estemos, lo distraídos que podamos estar, no importa lo demandantes que otros sean en nuestras vidas, si vamos a redefinir el nuestro mundo, no hay ningún otro camino que el redefinirnos profundamente, hasta la médula. La meditación y la auto reflexión son fundamentales… darnos cuenta de nuevos paradigmas, mirar con nuevos ojos, de maneras frescas y diferentes. Con todo lo desafiante que puede ser mirar hacia adentro, también es completamente empoderador, porque sólo entonces se hace evidente que nuestras vidas son nuestras para elegir y moldear.
©2001 Caroline Ward
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